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29. Historia de esperanza

Nos llegaron un día los sueños de la libertad,
y quisimos probar nuestras alas y echar a volar,
y sentimos que eran cadenas tusa brazos, tu hogar,
decidimos correr la aventura, tu casa dejar, lejos marchar.
Ignorando tu tristeza, el hogar abandonamos,
y volviéndote la espalda te dejamos, sin ver atrás.

Y sintiéndonos fuertes y adultos echamos a andar
y sin trabas, sin Dios y sin leyes, quisimos marchar,
y el sabor de conquista y grandeza logramos gustar,
nos hicimos el centro de todo, la norma final, nuestra verdad. Construimos nuestro mundo a nuestra sola medida,
y embriagados de los logros que alcanzamos, te olvidamos ya.
Y persiguiendo la libertad, lejos de Ti la felicidad,
de pronto descubrimos que la vida sin Ti se nos vuelve gris, vacía, fatal... y ha muerto la paz.
Resultaron vacías las promesas de libertad
y nos fuimos poniendo cadenas en vez de avanzar,
nos hicimos un mundo sombrío, sin vida ni paz,
la nostalgia en el alma y el aburrimiento mortal, la soledad.
No hay cadenas más pesadas que las que nosotros mismos
nos ponemos al huir de tu presencia, al escapar.

Hemos hecho una historia de miedo, crueldad y dolor,
que destroza cabeza y entrañas, conciencia y razón;
la injusticia, miseria y violencia que siembran horror,
el exceso de llanto y mentira golpeando sin tregua al corazón;
y de pronto nos hallamos con la vida hecha girones,
con el hambre y la nostalgia irremediables de volver.
Un día recordamos la historia que tu Hijo contó
y una esperanza nueva nos llenó el corazón;
recordamos, Padre, tu brazos, tu hogar... y quisimos volver.

En un punto secreto y seguro del alma quedó
esa historia de amor y esperanza que tu Hijo contó;
mientras esa palabra resuene en nuestro corazón,
siempre habrá una lámpara ardiendo,
que al fin nos guiará hasta tu amor;
y es que en ellas nos enseñas que no todo está perdido,
que hasta que regresa el hijo que se ha ido estás en paz.

Ni el pecado ha logrado arrancar de nuestro corazón
esa historia del Padre que espera, colmado de amor;

como un clavo de ternura en el alma nos hace anhelar

tu perdón y tu abrazo de Padre, tus besos, tu hogar, tu fiesta y paz. Porque siempre encontraremos una luz y una esperanza
al volver a recordar aquella historia... y regresar.
Y al fin volver a casa, a la anhelada casa
y descubrirte Padre, y en tu abrazo encontrar el amor,
la paz, la libertad... la felicidad.

Recordando aquella historia que tu Hijo nos contara,
recordando que eres Padre y nos esperas... regresar,
y en tu abrazo, bendición interminable... descansar.

 

 

30. ¡Qué bonito sueño!

¡Ay, qué bonito sueño ando soñando!,
lo traigo en el corazón desde hace tanto;
lo traigo en el corazón desde hace tanto.

Yo sueño un mundo distinto,
donde podamos sentir que de veras somos hijos y hermanos. Yo sueño que viene el día en que creamos, al fin,
que Dios es el Padre que nos ama y nos hermana en el amor;
yo sueño un mundo en que todos tengamos por Padre a Dios, queriéndonos como hermanos de corazón.

Yo sueño en el pueblo nuevo, que cree y camina
confiado en el Padre bueno, Dios de la vida,
el Padre que nos impulsa a construir solidaridad,
a luchar por la justicia, por la vida y por la paz;
yo sueño que el Padre sueña a sus hijos en libertad,
y si aceptamos el sueño, será verdad.

Yo sueño un día en que nadie padezca el hambre,
que la violencia y la guerra por fin acaben.
Yo sueño que no es posible que sea imposible juntos crear
un mundo que a nadie excluya, que a nadie niegue su dignidad;
y el día en que este sueño del Padre sea realidad
sus hijos todos tendremos fraternidad.

¡Ay, qué bonito sueño ando soñando!,
lo traigo en el corazón desde hace tanto;
lo traigo en el corazón, se me ha metido como obsesión
y no descanso hasta ver mi sueño hecho realidad,
porque es el sueño que Jesús me enseñó a soñar, desde hace tanto.

 

 

31. Esperanza y promesa

Cuando aún mi vida amanecía
Tú tocaste una mañana a mi puerta
y viniste sin que yo te lo pidiera,
y llenaste mi casa de canciones
y a las horas fugaces de mi vida,
Tú les diste una esperanza y un porqué.

Tú llegaste, entraste, te quedaste,
te volviste la fuente de mi canto,
desde entonces estás siempre conmigo,
cada día tu ternura es mi sorpresa,
donde quiera encuentro huellas de tu paso
y despierta en mí el deseo de cantar.

Porque Tú eres la esperanza cada día,
la promesa del mañana,
porque Tú eres
el milagro siempre nuevo de mi gran felicidad;
porque Tú eres
la sonrisa en la mañana,
la caricia cada noche, eres gozo verdadero,
yo no vivo ya sin ti.

Te he mirado, te he sentido, te he tocado
y mi vida vale porque estás conmigo,
eres fiel, yo sé que nunca me abandonas,
en mi vida Tú has traído la alegría;
Tú me has dicho de mil modos que me amas
y este amor no lo podré nunca pagar.

Tú me has dado más de lo que yo soñaba,
no soy digno de tu amor que es tan inmenso,
no merezco llamarme ni tu siervo,
no comprendo por qué me has llamado amigo,
mi corazón sólo sabe agradecerte
y su canto enamorado hoy te da.

Tu mi gozo verdadero, yo no vivo ya sin ti.
Sólo en ti amo la vida, no la quiero ya sin ti.

 

 

32. Parábola de un vuelo

Un día descubrió que debía volar
en un vuelo tan alto hacia la libertad;
no importó dejar casa ni ciudad,
sólo le importaba su felicidad.

Muchos le dijeron: tienes que dejar
todas esas cosas que te harán llorar.
No importa, les dijo, tengo que probar,
déjenme intentarlo, creo que es tiempo ya.

Extendió las alas y empezó a viajar,
encontró nevadas, mucha tempestad,
noches tan oscuras tuvo que pasar
pero no importaba, él quería llegar.

Un día a lo lejos descubrió una luz,
despedía reflejos en forma de cruz,
se acercó hacia ella y alguien lo llamó
y aunque tuvo miedo, la voz escuchó.

Si tú andas en busca de felicidad
sólo en esta cruz tú la encontrarás,
tómala y camina, de tu mano voy,
no temas qué pase, que contigo estoy.

Le tomó la mano, con él caminó,
y cuando caía, él lo levantó,
no hubo más tristezas, no hubo más dolor,
pues los dos vibraban en un mismo amor.

 

 
33. No lo pude ni soñar

Te empecé a seguir con mis sueños locos,
mi pasión tan honda,
con mis ganas grandes de vivir;
y te presentí como una promesa para mi esperanza,
como el que colmaba toda mi ilusión,
¡Cuánta ilusión!...

Cuando te encontré, supe que serías
la respuesta ansiada a mi sed inmensa de amor,
y creí que al fin iba a ser amado como lo anhelaba, como lo soñaba tanto el corazón,
¡Cuánto soñaba mi corazón!...

Pero nunca imaginé que me dieras tanto,
que me amaras tanto, que me hicieras siempre tan feliz,
¡tan feliz!...
nunca imaginé que la vida mía
junto a ti sería de tanta alegría,
no lo pude ni soñar, no lo pude ni soñar.

Yo sabía que Tú llenarías mi vida,
cumplirías mis sueños, me darías la dicha, la luz;
el seguirte a ti encendía mi alma, me llenaba el cuerpo,
invadía mi mundo todo de tu paz,
¡Tu inmensa paz!...

Siempre supe que vivir a tu lado no sería fácil,
que tendría luchas y cruz,
mas sabía también que estando contigo
nunca faltaría la pasión y el fuego, el gozo y el amor,
¡Pues tú llenabas el corazón!...

 

 

34. Sin palabras

Me llego a tu presencia, mi Dios, y nada sé decir,
con mil vivencias y sentimientos que no caben en palabras, que no caben en palabras.

No escuches mis palabras, Señor, escucha el corazón,
y deja sólo a mi vida inquieta derramarse en tu presencia, derramarse en tu presencia.

Y deja que descanse sólo en ti
estar calladamente ante ti
me siento en tu presencia tan feliz,
no más palabras ya diré,
la vida no cabe en ellas, ya lo sé,
sin voces solamente tu presencia gozaré.

Te basta mi miseria, Señor,
palabras, ¿para qué?
Después de todo, quien más conoce mi misterio todo entero,
mi misterio todo entero.

¡Qué paz da tu mirada, Señor, qué libre puedo ser!
No necesito decirte nada, ser mirado ya me basta,
ser mirado ya me basta.

 

 

35. Clamor

Que resuene este clamor por el mundo:
¡Jesús, salvador de los hombres, sálvalos!
¡Jesús, salvador de los hombres, sálvalos! ¡sí, sálvalos!

Y para salvarlos cuenta con nosotros
manda lo que quieras mandar,
porque nuestro gozo más grande será el hacer tu voluntad.

Movidos por tu Espíritu seremos contigo ofrenda continua de amor,
que toda nuestra vida te repita este grito:
¡salva a los hombres, Señor!

A nuestro mundo llevamos la esperanza,
su cruz anunciamos con fe;
y damos por Cristo, con El y en El, toda gloria a ti, Padre fiel.

¡Sí, sálvalos!...


 
36. Gracias

Gracias Señor, por tus misericordias
que me cercan en número mayor
que las arenas de los anchos mares
y que los rayos de la luz del sol.

Porque yo no existía y Tú me creaste,
porque me amaste sin amarte yo,
porque antes de nacer, Señor, me redimiste,
gracias, gracias, Señor.

Porque arrojaste todos mis pecados
en el profundo abismo de tu amor
y no te quedó de ellos ni el recuerdo,
gracias, gracias, Señor.

Porque me diste a su santa Madre
y te dejaste abrir el corazón
para que en él hiciera yo mi nido,
gracias, gracias, Señor.

Por estas cosas y por tantas otras,
que conocemos nada más Tú y yo
y que no pueden decirse con palabras,
gracias, gracias, Señor.

¡Qué te daré por tantos beneficios?
¿Cómo podré pagarte tanto amor?
Nada tengo... y yo nada puedo
mas quisiera desde hoy
que cada instante de mi vida,
cada latido de mi corazón,
cada palabra y pensamiento,
cada paso que doy,
sean como un clamor que te repita:
¡Gracias Señor!...

 


 

37. Me amó primero

Porque Dios no dijo sí y luego no,
yo también quiero ser fiel a aquel amor,
aquel amor que un día le di;
pero fiel con un amor que crezca siempre,
que no se canse de seguirlo día a día.

Porque Dios fue el primero que me amó,
yo también le quiero dar todo mi amor,
desnudo amor, mi pobre amor,
yo bien sé que no es mucho y vale poco,
pero es todo lo que tengo para darle.

No podré yo jamás ya dudar
que El me amó, me llamó, me salvó.
No podré ya dudar
que en su corazón abierto me escondió,
y ahí estaré hasta el final.

Porque Dios desde siempre me llamó
y su amor me lo dijo en una cruz,
lo seguiré, con El iré;
su destino será mi destino,
sus sentimientos serán mis sentimientos.

Porque Dios gratuitamente me eligió,
sin tener otra razón, sólo su amor,
su fuerte amor, inmenso amor,
yo también le quiero dar mi amor entero,
sin condiciones, sin reservas, sin medida.

 

 

 

38. Vaso de barro

Llevamos adentro en nuestras vidas un tesoro,
ese tesoro se llama Jesús.
Su alegría nos dio para así convencer que esta fuerza
viene del Señor.

Soy un vaso de barro, Señor,
donde tu amor actuará porque Tú vives en mí.

Hay muchas pruebas pero no nos angustiamos,
preocupaciones sin desesperar,
perseguidos al fin, derribados pero no desamparados
y no nos vencerán.

Así creemos y por eso les cantamos,
por que en ustedes también vive el Señor,
nuestra fuerza El unió para así convencer
que hoy tenemos su Espíritu de amor.

 

 

39. Hoy el mundo escuchará

En un mundo enfermo y triste, sin caminos ni salidas,
donde el llanto y el fracaso son el pan de cada día,
Tú nos dices que tu reino ha llegado a nuestras vidas,
que ya el tiempo se ha cumplido, que este mundo va a cambiar.

Donde el hambre y la miseria arrebatan la alegría
y el lamento y la blasfemia ya colmaron la medida,
Tú te hiciste solidario de los pobres y perdidos,
las cadenas ya se rompen, y la vida vencerá.

Hoy el mundo escuchará, hoy el mundo lo sabrá,
hoy los hombres lo creerán,
que habrá un mañana de justicia y paz,
que amanece la esperanza, que llegó la libertad.

La resignación y el miedo que silencian tantas voces,
tantos hombres oprimidos agobiados de temores,
los que no tenían palabra ahora gritan sus clamores,
ya sus voces se levantan, pues tu reino ya llegó.

Donde muchos sólo arrastran una vida sin sentido,
donde el tedio y la rutina van dejándonos vacíos,
tu presencia nos impulsa a no darnos por vencidos,
y tu reino nos despierta muchas ganas de vivir.

 

 

 

40. Aprendiendo a mirar

Al mirar el mundo, a veces me he visto tentado a pensar
que está muy perdido, que ya va a la ruina, que todo es maldad,
que ya no hay motivos para esperar,
que sobran razones para el pesimismo, que todo es fatal.

Pero cuando veo que a tus ojos todo es siempre mejor,
que donde yo veo todo ya perdido, Tú ves salvación,
me doy cuenta entonces, que no sé mirar,
que de nada sirve verlo todo negro, verlo todo mal.

Para ver el mundo con mirada buena
quiero que me enseñes a poder mirar
con esa mirada que jamás condena,
que deja alegría donde existe pena,
que pone el perdón donde el odio enferma.

Ábreme los ojos, cambia mi mirada, sáname Señor,
dame nuevos ojos para ver el mundo con tu corazón,
para verlo todo con inmenso amor,
con una mirada llena de esperanza y de compasión.

Aprender a verlo todo con tus ojos no es fácil, Señor,
ver todo más hondo, ver todo más limpio, ver todo mejor,
en todo el que sufre verte a ti, Señor,
y en esa mirada que a todos comprenda sólo dar amor.

 

 

 

41. Cante la tierra

¡ Cante la tierra, celebre su amor;
ayer, hoy y siempre, Jesús es Señor!

Has llenado de confianza nuestro corazón,
no tememos al futuro, porque Tú, Señor,
en tu amor nos prometiste que Tú estarás
con nosotros cada día hasta el final.

Bendijiste nuestra tierra con tu encarnación
y llenaste nuestro mundo de tu luz y amor;
eres centro de la historia, principio y final
y has llenado de sentido nuestro caminar.

Has tomado nuestra debilidad,
para siempre con nosotros estás,
Tú llenaste nuestra historia de amor
y de todos eres el salvador.

¡Cante la tierra, celebre su amor;
ayer, hoy y siempre, Jesús es Señor!

Los problemas de la vida no nos vencerán,
tu memoria nos convence de que hay que luchar,
no nos vencerán los miedos ni el poder del mal,
porque Tú estás con nosotros no tememos ya.

Tú renuevas la esperanza de la humanidad,
una nueva primavera empieza a germinar,
la alegría has sembrado en nuestro corazón,
al quedarte con nosotros con tan grande amor.

En camino y sin rendirse, hoy tu pueblo va
anhelando un mundo nuevo, nueva humanidad;
y aunque a veces nos cansamos ya de caminar,
encontramos nueva fuerza al comer tu pan.

Peregrino con nosotros, Jesús, Tú vas,
y seguro hasta la meta nos conducirás:
a la casa de tu Padre Tú nos llevarás
y contigo reinaremos por la eternidad.

 


 

42. Semilla de tu Reino

Tu presencia en nuestra historia es semilla que cayó,
que despierta la esperanza y hace nacer el amor;
te encarnaste y desde entonces nueva vida germinó,
y tu reino entre nosotros se quedó.

Hoy sentimos tu presencia entre tantos que trabajan
por hacer un mundo más humano,
tu presencia descubrimos entre todos los que luchan
para que vivamos como hermanos;
la semilla de tu reino
está en muchos corazones empezando a germinar
y si todos nos unimos nuestro mundo lograremos transformar.

Has tomado nuestra carne y compartes nuestra suerte
en sus gozos, dramas y pobrezas,
Tú caminas con nosotros nos levantas si caemos,
nos consuelas en toda tristeza.
Vas sembrando cada día la esperanza
por un mundo de justicia y hermandad,
tu semilla está naciendo en la lucha por la vida y por la paz.

Has sembrado tu semilla en las voces
que se elevan en defensa de los excluidos,
te sentimos encarnado en aquellos
que se duelen y consuelan a los afligidos;
en la fuerza y la ternura, en el gozo por la vida
y en la lucha contra el mal;
Tú, Jesús, Verbo encarnado,
has sembrado el hombre nuevo,
¡y surge ya!...

 

 

43. Que me duela el mundo

Por dondequiera que tus caminos me han llevado,
he tocado, Señor, y he visto mucho dolor;
¡cuántas tristezas llenan de sombra los corazones!
¡cuántos desencantos, sueños arrancados, cuánta sinrazón!
¡cuánta injusticia, cuántas vidas que se marchitan!
¡cómo se cierne sobre la tierra la noche oscura del dolor!.

Tú te metiste en nuestra historia, “valle de lágrimas”,
y nunca fuiste indiferente ante el dolor,
siempre supiste compadecerte y curar heridas,
tu vida entera fue un derroche de compasión;
te sumergiste hasta el abismo del sufrimiento
y abrazándolo con amor lo has transformado en salvación.

Señor, que me duela el mundo,
que el dolor de mis hermanos
lo lleve siempre en mi corazón,
que nunca pase indiferente ante el que vive en la aflicción,
hazme instrumento de tu ternura,
hazme canal de tu compasión;
Señor, que me duela el mundo,
que no descanse hasta llevar tu paz y consuelo
a los que sufren y se debaten en su dolor.

A dos milenios de que pasaste por nuestra tierra,
han aumentado los sufrimientos, hay más dolor,
y muchos pasan indiferentes ante el que espera
una mano amiga, un poco de ternura, comprensión, amor;
tenemos miedo de acercarnos a los que sufren
y preferimos cerrar los ojos y olvidar que en ellos estás, Señor.

Que tu memoria hoy nos despierte y nos ponga en marcha
y que reviva entre los cristianos tu compasión;
llena de amor y misericordia los corazones
para que nadie se quede solo en su dolor;
y haz que acerquemos tu presencia solidaria
y por nosotros tu ayuda llegue a quien te busca en su dolor.

 

 
44. Faro que seguir

Vienen del norte y del sur, del oeste y del este,
han escuchado una voz que les habló de ti,
creen en los sueños, apuestan por ti,
tienen una estrella que seguir.
Han encontrado razones para ser tus amigos,
han encontrado motivos para vivirse así,
creen en los sueños, apuestan por ti,
tienen una estrella que seguir.

Jesús sacerdote, faro que seguir,
eres el modelo que soñamos vivir;
Jesús sacerdote, que te encarnaste en mí,
quiero dar mi vida como Tú hiciste por mí.

Vienen alegres, de cerca y de lugares lejanos,
llevan certezas grabadas a fuego en su interior,
creen en los sueños, apuestan por ti,
tienen una estrella que seguir.

Saben que juntos no hay nada que pueda detenerlos,
saben que el mundo es el campo en el que deben sembrar,
creen en los sueños, apuestan por ti,
tienen una estrella que seguir.

 

 

45. Con sabor de mi tierra

Con la música y el sentimiento de esta linda tierra que me vio nacer, hoy me brota gozoso del fondo del alma este canto de amor y de fe.
Y he venido, Señor, a cantarte como mi pueblo te sabe cantar
con un gracias que no cabe dentro y el amor muy metido en el pecho; con el ritmo y canción de mi tierra, hoy te quiero, mi Dios, celebrar.

Qué gusto me da saber que te encarnaste de veras,
que conoces hasta el fondo nuestros gozos, nuestras penas;
de amor y de gratitud hoy traigo el alma bien llena,
¡qué orgullo me da sentirte mi hermano
y sangre de nuestra sangre, lo mejor de nuestra tierra!
Las voces de nuestro pueblo se elevan juntas con emoción
y cantan agradecidas, llenas de gozo, tu encarnación.
Bendita sea nuestra tierra, que ha conocido tu inmenso amor
y bendita sea María, que nuestra sangre te dio.

Un cantar de amor traemos muy prendido en el corazón
y cantando te decimos que Tú eres nuestro hermano, nuestro Dios y salvador.
Padre de bondad, con gozo te dedicamos nuestro cantar,
porque en tu amor inmenso nos has querido dar
a Jesús tu Hijo: camino, vida y verdad.

Y también cantamos a ti Espíritu Santo
que lo ungiste para anunciar a los pobres la buena nueva
y lo enviaste a proclamar a los cautivos liberación,
a dar la vista a los ciegos, liberar a los oprimidos
y a proclamar el año de gracia del Señor.

El pueblo mío, feliz te alaba, su sentimiento se hace canción,
cuando este pueblo, Señor, te canta, te da su vida y su corazón.
Tu mano amiga nos quita el miedo, nos da confianza ante el porvenir,
y lucharemos porque tu reino transforme el mundo y lo lleve a ti.

Cómo se alegran los corazones, al recordar el don de tu amor,
en tu ternura te hiciste hombre, para mostrarnos tu compasión.
Es tu presencia luz que nos guía y nos sostiene en el caminar,
en ti ponemos nuestra esperanza, de nuestras vidas nunca te irás.

Esta es la fiesta de la humanidad,
con alegría hay que celebrar,
Dios se hizo hombre y nos vino a salvar,
y en nuestra historia se quiso quedar.
Hay que celebrar con gran emoción,
hay que permitir que se alegre y que cante el corazón;
y para que el gozo sea de verdad,
abramos las puertas a Jesucristo de par en par.

Yo quisiera poder darte algo de mucho valor,
pero nada es suficiente para agradecer tu amor.
Como no hay con qué pagarte el don de la encarnación,
lo recibo agradecido, y con inmenso cariño te regalo esta canción.

 


 

46. Sí, Señor

Es verdad, Señor,
que he olvidado aquel amor de juventud;
aquel seguirte yo por el desierto,
aquel noviazgo fiel, cuando te daba lo mejor de mí.
Es verdad...

Es verdad, Señor,
mi ceguera me impidió ver tu obra en mí;
y a pesar de que sembraste con amor,
Tú esperaste un fruto bueno que perdí
y sólo brotó bastarda vid.

Ah, pequeño, olvida ya tu soledad,
pues mi amor por ti, más grande que tu culpa es.
Si tú creyeras, si a mí tú volvieras,
sería tiempo hoy de volver a comenzar,
de volver a comenzar.

Pero, Señor, que no ves que tuve sed de tu quietud,
y en el desierto quise hacer para mi andar cisternas agrietadas,
sin saber que me alejaba más de ti.

 

 

47. Nada le quedó por dar

Jubiloso se levante todo el mundo en alabanza,
porque Dios, que es Trinidad, nos llenó de bendición,
porque en todo está su amor, porque en todo está su gracia.

Dios es amor,
amor que existe desde siempre sin principio, sin final.
Amor del Padre y del Hijo,
amor que es su mismo Espíritu,
misterio de gozo y vida,
eterna fidelidad.

Dios se hizo don,
y de su amor surgieron toda vida y creación.
Pues Dios siempre se reparte,
su amor y gozo en Él no caben,
su alegría es dar y darse,
no puede encerrar su amor.

Y el amor se encarnó
y su luz la contemplamos en Jesús de Nazaret.
Amor fue toda su vida,
hasta el final compartida,
se hizo don total, completo,
nada se quedó por dar.

Y su amor se quedó para siempre en nuestra historia,
pues su Espíritu nos dio.

Amor que nos lleva al Padre,
amor que nos lleva al Hijo,
amor que nos hace hermanos,
amor de Dios Trinidad.

 

 

48. Al partir el pan

Era ya al atardecer y dos hombres caminaban,
apagado el corazón y la esperanza,
roto el sueño en que pusieran tanta vida, tanto amor,
la tristeza en las entrañas, ofuscada la razón,
y el vacío instalándose en el fondo de su ser,
decididos a volver a lo que su vida fue,
ya de espaldas al ideal en que cifraron sus anhelos y su fe.

Mientras tanto, te acercaste, caminaste a su lado;
¿de qué vienen discutiendo?, preguntaste,
y con aire entristecido te contaron su dolor;
te dijeron que esperaban en Jesús el Nazareno,
pero le crucificaron y ese sueño terminó...
Entonces Tú les hablaste,
y en el fuego de tu voz ardieron sus corazones
y el misterio de la cruz se iluminó.

Al partir el pan te reconocemos
y cuando te vemos renace la paz,
al partir el pan vuelve la ilusión
y todas las cosas cobran su sentido, incluso el dolor,
vuelve la esperanza al partir el pan,
dejando los miedos nos ponemos ya de nuevo en camino,
dispuestos al fin a compartir tu causa y destino.

Ya lo ves, Señor, Jesús, hoy la historia se repite,
hoy también por el camino de la vida nos invade el desencanto,
los cansancios, el dolor;
muchas veces la esperanza se nos va del corazón
y lloramos nuestras pérdidas, nos falta la pasión,
y no te reconocemos aunque a nuestro lado vas,
y avanzamos sin sentido, derrotados por la muerte y por la cruz.

Ven, Señor, y quédate, que la noche está cayendo,
el camino es oscuro y difícil,
más si vienes con nosotros volveremos a luchar,
el desánimo y las pruebas no nos logran derrotar,
si te sientas a la mesa y otra vez partes el pan,
se nos abre la mirada y se enciende el corazón,
y gozosos anunciamos que has vencido la muerte y el dolor.

 

 

49. ¿A quién vamos a ir?

Cuando te vi no imaginé que en esos rumbos donde andabas,
entre los pobres y olvidados, Tú me ibas a llamar.
Llegó tu voz como un clamor que se levanta en el desierto,
por un momento no te comprendí, pues tu me hablabas de una cruz.

Jesús, ¿a quién vamos a ir?,
sólo tú, Señor, tienes palabras de vida,
Jesús, ¿a quién vamos a ir?,
sólo tú, Señor, tienes palabras de vida.

Tú nos hablaste del amor de tu Padre y de su reino,
donde los niños y los últimos son los primeros en entrar,
pero al decirnos que servir y dar la vida a los amigos,
eso es amor, y no palabras, yo tuve miedo de perder.

Muchos se echaron para atrás, pues tus palabras fueron duras;
¿quién te podrá seguir, Jesús?. Por mi parte yo dudé.
Tú preguntaste con dolor, al verme todo confundido,
si yo también quería dejarte. Tan sólo puede responder...

 


 

50. El milagro de tu amor

Lo recuerdo, fue un hombre que me habló al corazón,
lo recuerdo, como alguien que llegó y se quedó,
sus palabras y gestos, su sonrisa y su amor,
su cariño sincero me ganó el corazón.

Lo recuerdo y aun siento el calor que me dio,
lo recuerdo y parece que nunca me dejó,
si estoy triste o si sufro cuando siento dolor,
siento su mano amiga, vuelvo a escuchar su voz.

Jesús, Jesús, amigo y salvador,
te has quedado conmigo, te siento en mi interior.
Jesús, Jesús, mi guía y protector,
me lo dicen y es cierto, tu tesoro soy yo.
Jesús, Jesús, amigo y salvador,
te has quedado conmigo, te siento en mi interior.
Jesús, Jesús, mi guía y protector,
¡Cómo puede ser cierto el milagro de tu amor!

Cuando cierro los ojos, cuando entro en mi interior,
ahí aguarda, tranquilo, me hace escuchar su voz;
me susurra que vive, que por mí se entregó,
que no hay nada en el mundo que me quite valor.

Por las noches lo busco, me pongo en oración,
sin Él nada me llena, le llevo lo que soy,
y Él me mira despacio,
su sonrisa me da el apoyo y la fuerza para recomenzar

 

 

51. María Alegría

María, tan pequeña, tan sencilla,
más Dios puso en ti sus ojos
y al saberte tan amada
tú nos gritas tu alegría,
la alegría que te habita el corazón
y que ya nadie te puede arrebatar.

María, el secreto de tu dicha
es saber que Dios te mira
y que en ti ha hecho maravillas;
que a los ricos y soberbios dejó las manos vacías
y al humilde y al hambriento de sus bienes los colmó.

María, te llamamos Alegría,
porque abriste enteramente
el corazón y las entrañas a tu Dios.
María, te llamamos Alegría,
pues nos diste a Jesús,
y en Él está nuestro gozo
y nuestro amor.
Contágianos, María, la alegría,
para poder vencer esa tristeza
que nos ancla el corazón,
que ata los sueños
y nos hace ver el mundo
sin sentido y sin amor.

María, feliz porque has creído,
feliz porque permitiste a Dios inundar tu vida,
y ahora brillas como un canto de esperanza
y de alegría que en las penas
y tristezas nos vuelve a levantar.

María, enséñanos tu alegría,
porque muchos de tus hijos,
vamos tristes y vacíos;
nuestras alegrías no van más allá de los sentidos,
el dinero, los placeres, las pantallas y la piel.

María, tú nos diste la alegría que es Jesús.

.


 

52. Herido de dos amores

Herido de dos amores que llevo en mi corazón,
no puedo pensar ya nada sin esta herida de amor,
los dos amores son uno, y un amor se vuelve dos.

El primer amor, ¡hermoso!, que robó mi corazón,
ha sido el amor de Cristo, que por mí en la cruz murió;
de Él estoy enamorado, sólo para Él vivo yo.

El segundo amor, su pueblo, tan amado de mi Dios,
se me ha metido muy dentro, mi Dios me lo regaló,
sin este amor por su pueblo no entiendo mi vida yo.

Dos amores me han herido y los dos son un amor:
el amor de Dios, mi vida, y su pueblo mi ilusión.
Dos amores, dos heridas en el fondo llevo yo
y por estas dos heridas, m i vida tiene razón.

¡Por estas heridas entra la vida a mi corazón!

Dos amores, una herida, dos heridas, un amor,
contento voy por la vida con mi pueblo, con mi Dios.
Éste ha sido mi sentido, ésta ha sido mi pasión.

Mi pueblo, bendita herida, que Dios en mi ser grabó,
me alegro en sus alegrías, con sus penas sufro yo,
pueblo de mis esperanzas, de mi gozo y mi dolor.

Mi Cristo, ¡preciosa herida!, amado del corazón,
amigo de mis entrañas, su herida ensancha mi amor,
su causa se ha vuelto mía, sus amores siento yo.


 

53. Jesús, Jesús

Tú eres la base en que me puedo apoyar,
la tierra en la que puedo mi raíz fijar;
eres el agua que da vida y mejor me hace crecer,
eres el pan que me da fuerza al caminar.

Tú eres la luz que mi camino ha de alumbrar,
el gran destino al que quisiera yo llegar;
eres la mano del amigo que jamás me fallará,
eres la voz que calla el miedo y me da paz.

Jesús, Jesús, eres la vida, la verdad, eres la luz.
Jesús, Jesús, llenas mi vida, yo contigo quiero ir.
Jesús, Jesús, eres mi amigo y por mí tu vida das.
Jesús, Jesús, eres mi Dios
y aunque yo falle, hoy aquí estás.

...es nuestro Dios y aunque fallemos, aquí está.

 


 

54. Entrega total

Aquí estamos Padre amado,
hoy queremos consagrarnos a Ti,
toma nuestras vidas y transfórmalas en Cristo Jesús,
y transfórmalas en Cristo Jesús.

Por tu entrega total para los hombres,
por quedarte en ese trozo de Pan,
por tu Sangre preciosa derramada,
alabamos tu Nombre, Señor.

Como hostias viviremos,
lucharemos por nuestro ideal
de ser signo entre las almas,
pues en Ti hemos creído, Jesús,
pues en Ti hemos creído, Jesús.

 

 

55. Este es mi Cuerpo

Este es mi Cuerpo,
ésta es mi Sangre
que se entrega por nosotros los hombres:
Tomad y comed todos de él.

Jesús, Jesús, Tú eres el Pan que da al mundo vida eterna.
Señor, Señor, yo creo en Ti yo espero en Ti, Señor.

Jesús, Jesús, Tú eres mi paz, eres mi gozo y mi alegría.
Señor, Señor, yo creo en Ti yo espero en Ti, Señor.

En ti, en Ti yo buscaré la fuerza y luz en mi camino.
Señor, Señor, yo creo en Ti yo espero en Ti, Señor.

 

 

56. ¡ Bienvenido!

Señor, bienvenido a tu casa de mi corazón
no soy digno pero siento un gran orgullo de que Tú, Jesús,
me visites y te quedes dentro de mí.

Bienvenido a nuestro mundo tan sediento de verdad,
pero siempre tan atado a la mentira,
con tu fuerza venceremos hipocresía y vanidad.
¡Bienvenido, Bienvenido!

Bienvenido a nuestro mundo anhelante de igualdad,
pero esclavo aun de tantas injusticias,
lucharemos porque todos tengan vida y dignidad.
¡Bienvenido, Bienvenido!

Bienvenido a nuestro mundo con su hambre de vivir,
mundo enfermo lleno de signos de muerte,
Pan de vida, ven y cura nuestro miedo de vivir.
¡Bienvenido, Bienvenido!

 


 

 

 

El autor de estas canciones es el : P. Marcos Alba, M.Sp.S

Cantos disponibles en CD. Adquiérelos con el P. Antonio Álvarez, M.Sp.S.
antonioni@hotmail.com

 
 
 
 
29. Historia de esperanza
30. ¡Qué bonito sueño!
 31. Esperanza y promesa
32. Parábola de un vuelo
33. No lo pude ni soñar
34. Sin palabras
35. Clamor
 36. Gracias
37. Me amó primero
38. Vaso de barro
39. Hoy el mundo escuchará
40. Aprendiendo a mirar
41. Cante la tierra
42. Semilla de tu Reino
43. Que me duela el mundo
44. Faro que seguir
45. Con sabor de mi tierra
46. Sí, Señor
47. Nada le quedó por dar
48. Al partir el pan
49. ¿A quién vamos a ir?
50. El milagro de tu amor
51. María Alegría
52. Herido de dos amores
53. Jesús, Jesús
54. Entrega total
55. Este es mi Cuerpo
56. ¡ Bienvenido!
 
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