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1. Fascinante y desconcertante
Es Jesús de Nazaret alguien que siempre sorprende,
el que le conoce entra en un misterio que colma mente y corazón.
Siempre va más allá, siempre es inagotable,
el que le conoce sabe que su vida es eterna novedad.
Es Jesús de Nazaret esperanza del perdido,
al que está seguro Él lo desconcierta y compadece al pecador.
Al sencillo se le da, al sabio deja confundido,
caen las fortalezas de quien se cree fuerte y al débil da seguridad.
Es fascinante y desconcertante,
inusitadamente sorprendente,
irresistible en todos los sentidos,
ningún lenguaje puede decirlo.
Perturbador de certidumbres fáciles
y de posturas fijas y dogmáticas,
critica leyes y cultos huecos,
ningún esquema puede contenerlo.
Es Jesús de Nazaret vértigo, pasión y fuego,
todo su mensaje sabe a demasiado, da miedo tanta libertad.
Puede ser guerra o paz, puede ser venda o herida,
vida renacida, cruz y profecía, es riesgo hasta el final.
El que conoce a Jesús sabe que es inconfundible,
su vida y su palabra duelen y cautivan, todo en Él es especial.
Las máscaras ante Él se caen, su verdad es lacerante,
pero quien le acoge lo halla compasivo y solidario hasta el final. |
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02. Seguirte
Desde que camino junto a Ti, Jesús,
siento enormes ganas de vivir
porque a cada paso me sostienes,
dándome esperanza, fuerza y vida.
Qué hermoso es el camino si estás Tú
mis pasos no vacilan teniéndote a Ti,
me siento tan seguro y tan feliz que estés aquí,
todo lo puedo junto a Ti.
Seguirte a Ti se ha vuelto mi razón,
mi única aventura te has vuelto Tú, Señor,
no quiero otro destino que seguirte hasta el final,
Tú eres mi meta, mi verdad.
¡Qué importa si es difícil continuar!
Si Tú estás a mi lado ¿qué importa lo demás?
Las cruces, los problemas, las caídas, el dolor;
todo lo puedo en Ti, Señor. |
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03. Canto de la Encarnación
Nuestro mundo se engalana exultante de alegría,
porque Dios nos ha mirado con ternura complacida;
la Palabra se hizo carne en el seno de María,
y la tierra se ha llenado de esperanza florecida,
y viniendo a nuestro mundo, nos llenó de nueva vida.
Celebramos dos mil años con memoria agradecida
que el amor que Tú nos tienes es total y sin medida.
Para estar entre nosotros has querido hacerte niño,
siendo eterno, te haces tiempo, siendo inmenso,pequeñito, ¡Dios haciéndose humano porque el hombre sea divino!
Desde entonces no has dejado de vivir entre nosotros,
en los gozos y en las penas, en los logros y fracasos.
Nos renace la esperanza, pues jamás nos has dejado,
para siempre te encarnaste, para siempre te has quedado, siendo Dios eternamente, te quisiste hacer hermano.
Nuestra historia va adelante, el tercer milenio llega,
y en tu gran aniversario vuelve a bendecir tu Iglesia.
Tú que habiéndote encarnado has querido que en tu tierra la aventura más hermosa, no soñada, sucediera,
haz que en el mundo florezca una nueva primavera. |
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04. La noche, el grito, la muerte
Jesús, te contemplo sumergiéndote en la noche, en soledad,
en la noche de tu copa amarga, noche de traición;
en tu angustia ante la muerte, el sudor de sangre, el llanto, en la noche impenetrable y fría,
noche de las mil preguntas clavadas en tu corazón.
Jesús, te contemplo en el momento de tu grito de dolor,
en el grito desgarrado y misterioso de la cruz, preguntándole a tu Padre: “¿por qué me has abandonado?”, ese grito que taladra los espacios y los siglos,
tu grito desarmado y fiel.
Jesús, te contemplo en cruz clavado, estremecido de dolor, en el más total despojo, dando todo y en silencio, descendiendo hasta la muerte, agotado e indefenso, entregándote confiado en las manos de tu Padre,
el Padre que ahora no se ve.
Jesús, yo te encuentro tan cercano en mi dolor,
solidario hasta el colmo del amor;
nuestras noches, nuestros gritos, nuestras muertes,
con los tuyos se funden en el mismo clamor.
Qué bien sabes de las noches de quien llora en soledad,
noches del encarcelado y de los niños sin hogar,
noches de esperanza hundida, noches de la sin razón,
y la larga noche en vela junto al lecho del dolor.
Noches en las funerarias, noches de insomnio y sudor, noches de tedio insoportable, muerta ya toda ilusión,
noche triste del suicida, del escalofrío en el alma
y la noche interminable de quien ya no espera nada.
Nuestras noches y tu noche se conocen bien, Señor.
Tú conoces nuestros gritos, nuestros llantos y lamentos,
el nacer hasta la muerte nuestra vida es grito intenso,
gritos de hambre, frío y miedo, rabia, angustia y opresión,
y los gritos de la guerra, la tortura y violación.
Grito ahogado en el silencio y agarrado al corazón,
gritos de los condenados a pobreza y explotación,
a la migración forzada y a la discriminación,
gritos de niños maltratados, y accidentes sin razón.
Nuestra historia es eco sordo de tu grito de dolor.
Muerte de quien sobrevive sin sentido ni ilusiones,
muerte lenta o repentina, muerte nunca maniatada,
muerte del amordazado, libertades pisoteadas,
muerte de niños y viejos, de la noche y la mañana;
y la muerte del amor, cuando ya la vida cansa,
la ilusión que se desgarra cuando llega la desgracia,
muerte en luchas fraticidas, en abortos y emboscadas,
y la muerte silenciosa del que perdió la esperanza,
y tu muerte se prolonga en nuestra muerte hasta el final. |
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05. Canto de la Pascua
Renace la esperanza, la vida surge, crece el amor,
florece la alegría en medio del pueblo, pues Jesús resucitó.
El dolor y la muerte y las injusticias no han de vencer,
si Jesús resucita, otro mañana, pueblo querido, tú vas a ver.
Un canto me llena el corazón y
despierta la alegría en todo mi pueblo;
la muerte no es la última palabra
y tampoco nuestra historia de sufrimiento.
¡Ha resucitado! ¡Derrotó a la muerte!
El que fue crucificado surgió triunfante como hombre nuevo,
y su buena noticia va a acabar con los miedos.
Un canto de vida y libertad resuena
en nuestro pecho con gozo y fuerza;
los brazos se ponen a luchar,
creemos que la historia puede ser nueva.
Jesús resucita, su misión nos deja;
podemos también librar un mundo esclavo de sus cadenas, con Jesús venceremos opresión y miseria.
Un canto de solidaridad ha nacido de la Pascua
y se está escuchando;
Jesús nos invita a caminar y a luchar todos unidos y a dar la mano;
dar la mano al pobre y al desamparado.
Jesús ha resucitado, podemos todos ya ser hermanos.
¡Hay que unir nuestras manos! ¡Nunca más separados!. |
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06. Es hora de abrir las puertas
Hace dos mil años ya que estás entre nosotros,
hace dos mil años que te vimos caminar,
y trajiste tu Reino de vida, de justicia, de amor y de paz,
de servicio, verdad y alegría, de esperanza y de fraternidad;
con tu vida el perdón enseñaste, con los pobres partiste tu pan, liberaste al que estaba oprimido, devolviste el bien por el mal. Hace dos mil años que todo esto conocemos,
pero muchas cosas aún siguen sin cambiar.
Y es que los cristianos que decimos conocerte,
debemos pensar y humildemente confesar,
que creemos nomás de palabra, pero no te dejamos entrar,
preferimos seguir como estamos, nos da miedo tener que cambiar;
y pensamos que son combinables tu Evangelio y la pasividad,
y dejamos que existan los pobres, sin vestido, sin techo, sin pan.
Hace dos mil años que tú tocas nuestra puerta,
hace dos mil años y hoy sigues queriendo entrar.
Es hora de abrir las puertas, es hora de dejarlo entrar,
es hora de dejar que venga nuestras vidas a cambiar;
es hora de que este pueblo se decida a caminar
en justicia, amor y vida, como Jesús supo andar.
Tú nos aclaraste que la puerta es estrecha,
que hace falta esfuerzo para el Reino conquistar,
y nosotros bajamos el precio y la puerta logramos ampliar,
y cualquiera se dice cristiano, todo queda en un rito nomás;
y tu Iglesia, olvidando su origen, se llenó de ambición y poder
y perdemos de vista tu Reino, tu mensaje hemos puesto al revés.
Todos anhelamos ya un cambio en nuestro mundo,
pero tu Evangelio está aún sin estrenar.
El tercer milenio a iniciar nos disponemos,
con una memoria nueva de tu encarnación,
y otra vez, recordando tu historia, nuestro mundo queremos cambiar,
buenas nuevas llevar a los pobres, al cautivo anunciar libertad;
asumimos tu causa de nuevo y queremos luchar por construir
una Iglesia al lado del pobre, servidora, sencilla y así
veremos los brotes de una nueva primavera
y a un pueblo trayendo justicia, vida y libertad. |
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07. Me has dado un nombre
Porque Tú has pronunciado mi nombre
y me has hecho de tu propiedad,
porque ser tuyo me llena de felicidad,
quiero en Ti gastar mi vida y seguirte hasta el final.
Yo voy por la vida con mil preguntas,
porque en el fondo no sé quién soy,
tan sólo Tú conoces, mi Señor,
mi verdadero nombre, mi destino y misión.
Yo sé que me das un nombre propio,
el nombre que encierra mi misión,
sé que para Ti precioso soy,
mi nombre está guardado en tu corazón.
Tú me has bautizado y confirmado,
por eso, Señor, te quiero pedir:
dame la gracia de descubrir
cuál es la misión que Tú quieres de mí.
Te quiero seguir a donde vayas,
yo quiero tu causa continuar,
pues yo sé que el nombre que me das
encierra buenas nuevas para los demás.
Tu nombre, Jesús, lo llevo dentro,
"Dios salva", tu nombre quiere decir.
Por eso mi vida quiero invertir
llevando salvación, llevándote a Ti.
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08. Creo, Jesús
Creo que me elegiste sólo por amor,
que me has soñado con grande ilusión,
que me llamaste conociendo hasta el fondo de mi corazón;
creo que tu amor es eterno, que no te arrepientes jamás,
creo que aunque todo me falte, Tú no faltarás.
Creo que te complaces en mi pequeñez,
que no se puede tu amor merecer,
que Tú me has dado más de lo que nunca jamás esperé;
y aunque yo insista en cerrarme,
yo sé que Tú puedes más,
ni mis pecados harán que me dejes de amar.
Y aunque se agote el caudal
de mis ingratitudes y mi terquedad,
sé que el caudal de tu amor no se agotará.
Creo que tu misericordia hará lo imposible y me alcanzará,
creo que tu amor incansable,
amor tierno y grande, al fin triunfará.
Creo que me sostienes en la oscuridad,
que en las tormentas Tú me das la paz,
creo que en mi historia Tú eres Camino, Vida y Verdad;
puedo confiarte mi vida en abandono total,
creo que Tú me has cargado de inicio a final.
Creo que Tú has estado en cada paso que di,
que no me salen las cuentas sin Ti,
creo que mi vida se entiende tan sólo si Tú estás ahí,
contigo todo se explica, nada se entiende sin Ti,
y sé que lo que has iniciado, llevarás a su fin.
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09. Jesucristo es pura vida
Tú, que no soportas la vida, que todo te cansa, que no puedes más;
tú, que todo ves cuesta arriba y a rumbo perdido, derrotado estás.
¡Hey!, te tengo buenas noticias, te traigo alegría, lo quiero gritar,
tú , tú tienes nueva esperanza , tu vista levanta , te voy a anunciar que...
Jesucristo es pura vida, es mi fuerza, mi alegría,
Jesucristo es pura vida y me la entrega, día a día.
Él vino a buscar al perdido y al pueblo oprimido le da libertad,
Él vino a curar el pecado y en la cruz clavado, me amó hasta el final.
Él se hizo mi hermano y mi amigo,
es hombre conmigo y también es mi Dios,
Él es la pasión de mi vida, todo Él me fascina, yo vivo por Él, pues...
Yo sé que jamás me ha dejado,
que Él viene a mi lado, que nunca se irá;
yo en Él mis fuerzas renuevo, con Él todo puedo su vida me da. Yo ahora soy su testigo, su buena noticia yo quiero anunciar,
yo quiero luchar por su Reino de amor y justicia, y a todos gritar que... |
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10. Únicamente Tú
Únicamente Tú
quedas cuando todo se desmorona y pierde vida, sólo Tú.
Únicamente Tú
quedas firme cuando todo viene abajo, cuando todo es humo, sólo Tú.
Únicamente Tú
eres mi consuelo cuando la tristeza me invade el alma, sólo Tú.
Únicamente Tú, Jesús,
eres mi esperanza cuando todo es vano, todo vacío, sólo Tú.
Sólo Tú, sólo Tú,
sólo Tú no cambias, sólo Tú no mueres,
sólo Tú no fallas, sólo Tú perduras,
sólo Tú me bastas, sólo Tú me bastas,
únicamente Tú.
Únicamente Tú
eres el camino cuando en mi vida yo pierdo el rumbo, sólo Tú. Únicamente Tú
eres verdadero cuando hay tanta farsa, tanta mentira, sólo Tú. Únicamente Tú
eres vida nueva en este mundo frágil donde todo muere, sólo Tú.
Únicamente Tú, Jesús,
eres mi confianza cuando ya parece todo estar perdido, sólo Tú. |
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11. Padre de los pobres
Espíritu Santo, ven,
y envía desde el cielo un rayo de tu luz.
Ven, Padre de los pobres,
ven, dador de los dones,
luz de los corazones.
Ven, fuente de todo consuelo,
dulce Huésped de mi alma,
ven, suave alivio.
Ven, descanso en la fatiga,
brisa en el calor ardiente
y consuelo en el llanto.
Ven, Luz divina,
llena lo más íntimo de nuestros corazones.
Si Tú nos faltas, todo es vacío,
no hay nada bueno en nosotros.
Lava lo que está manchado,
riega todo aquello que está seco,
sana el corazón enfermo.
Doblega lo que está rígido,
ven, calienta lo que está frío,
endereza lo desviado.
Concede a tus hijos,
a los que en Ti confiamos,
tus sagrados dones.
Premia nuestras luchas,
danos el puerto de salvación
y la felicidad eterna. |
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12. Tu presencia discreta
Si pudiera tener ojos nuevos y mi fe fuera viva,
podría sentir como Tú, Espíritu Santo llegas,
te acercas de mil maneras, insistes,
te muestras en gozos pequeños y en grandes anhelos,
presencia discreta, gentil, escondida, visita constante del amigo fiel.
Si tuviera mirada atenta, de amor que vigila,
lograría por fin descubrir que en todas las cosas,
en cada persona estás actuando tan suave y tan fuerte,
sembrando el cariño, el perdón, el detalle, llevando a la entrega,
al servicio, a la lucha por llenar este mundo de vida y de bien.
Si tuviera ojos nuevos, vería, Espíritu Santo,
en tantos detalles que tú estas ahí;
un gozo que llega y no puede explicarse, un consejo oportuno,
una acción solidaria, rezar, compartir;
un sueño inocente, un chiste, una carta, una voz conocida,
un amigo que llega, el amor que despierta en una pareja,
la madre embobada mirando a su niño en sus brazos reír.
Si pudiera tener ojos nuevos, si fueran mis ojos de niño otra vez,
con asombro yo descubriría que toda la vida es milagro
y tal vez no podría dejar de sentirte, dejar de alabarte,
al ver tu presencia tan fiel, tan cercana, toda mi vida sería de fe.
Te vería en el pobre que clama, en su sed de justicia, de vida y de pan y en aquél que en el sufrimiento conserva la paz,
en el que aguanta la ofensa y perdona,
en tantos que sueñan un mundo distinto,
en los que construyen la paz cada día
y en los que resisten a la tentación.
Si tuviera ojos nuevos, vería, Espíritu Santo,
en tantos detalles que Tú estás ahí:
un gesto de ayuda desinteresada, servir al enfermo, a los pobres,
y al triste buscar consolar;
ceder el asiento, ayudar con un bulto,
brindar un saludo sincero y amable, cantar la esperanza,
repartir la alegría y ser contagiada por una mirada de un niño feliz.
Si pudiera tener ojos nuevos... |
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13. Amor de mi alma
Cuántas cosas tan nuevas me vas enseñando,
cuántas cosas bonitas aprendo contigo,
voy entrando hasta el fondo de esta gran aventura,
la aventura más linda de hacerme tu amigo.
Ay, Amor que me envuelves, Amor que me bañas,
ay, Amor que penetras hasta las entrañas,
ay, Amor que me metes a Jesús en el alma,
y mi vida enamoras de su anhelo y su causa.
¿Qué me quieres, Amor, enseñar?
¿Hasta dónde me vas a llevar?
Ay, Amor que me hieres, Amor que me sanas,
Amor beso y brisa, Amor lucha y calma,
Amor que me llevas, Amor que me guardas,
Espíritu Santo, Amor de mi alma.
¡Qué bonito, sentirte en el fondo de mi alma!
¡Qué consuelo, tenerte en mis horas amargas!
Ay, Amor que en los días de duda y borrasca,
me devuelves amante la paz y la calma.
Nunca hubiera pensado que el amor que buscaba,
Tú, por puro regalo, me lo dieras, ¡por nada!,
y ahí me llevas prendido de tus dulces amarras,
y de sueños de Reino has llenado mi casa.
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14. Madre de los pequeños
En esta hora oscura de dolor, de muerte,
desde este mundo injusto que nos duele y avergüenza;
desde los olvidados y excluidos de la historia,
venimos hoy, María hasta Ti, cansancio a cuestas,
venimos hasta Ti cansancio a cuestas.
Tú sabes de la gracia ofrecida a los pequeños,
del Dios de los humildes que derriba a los soberbios;
le cantas a tu Dios que cuida y sacia a los hambrientos
y deja en su vacío a los ricos y opulentos,
tu Dios a nuestro mundo ha dado un vuelco.
Volvemos hacia ti, la gran señal,
a ti, mujer vestida de esperanza,
estrella, faro y sol de los que cruzan
este valle de anhelos y de lágrimas.
Los conoces bien a todos: son tus hijos,
y en tu corazón de madre siempre están;
Tú sostienes en la lucha a los pequeños,
madre de Dios y de la humanidad.
Viviste la pobreza, conociste el sufrimiento,
supiste de la huida, del rechazo y del destierro,
has visto a tu Jesús morir desnudo en un madero,
sufriste su tragedia en la impotencia y el silencio,
de pie, junto a la cruz, ¡de pie!, sufriendo.
Tú sigues hoy también junto a las cruces de tus hijos,
los débiles encuentran en tu amor cobijo y fuerza;
los insignificantes, que no tienen voz ni cuentan,
bien saben que un lugar en tu regazo siempre encuentran,
y ahí en tu corazón dejan sus penas. |
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15. ¡Animo!
Así como el viento que sopla en libertad,
que no sabes de dónde viene y tampoco a dónde va;
así el Espíritu de Dios, quien nos anima
para crear un mundo más humano.
¡Qué alegría ver a todos los hermanos!,
estrechando firmes todas nuestras manos.
¡Animo!, ¡levántate!,
no dejes que nada te lo impida,
no hay razón para el temor,
el Espíritu de Dios está en ti.
Así como el agua que a la tierra vida da,
y en la noche sin darte cuenta la semilla germinará;
así el Espíritu de Dios, quien nos anima
para servir a todos los hermanos;
para llevar y compartir nuestra esperanza,
la alegría que hoy muchos no alcanzan.
Con cuánta ternura nos amó el Señor,
Hijos somos, nunca esclavos más.
¡Animo!, ¡levántate y anímate!
¡ánimo! que nada te lo impida,
¡ánimo! ya no temas más,
el Espíritu de Dios está en ti, ¡ánimo! |
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16. Fuerza de Dios
Ven, Espíritu de vida, toca nuestro corazón,
¡Te necesitamos tanto, llénanos!
con tu fuego, con tu fuerza, ven, infúndenos valor,
y de todos nuestros miedos cúranos.
Con nuestros pasos cansados vamos ya, desengañados ya de luchar;
es muy difícil creer y esperar que el mundo cambie, que acabe el mal. Pero si vienes, Fuerza de Dios, vuelve la audacia, vuelve el valor, vuelve la fe y la esperanza a crecer y nos ponemos en marcha otra vez.
Muchos se sienten hastiados de vivir, su suerte es dura, cruel, infeliz, siempre golpeados por males sin fin, hundidos siempre, sin poder salir.
Ven, Santo Espíritu, a renovar las ganas y fuerzas para caminar, devuélvenos la esperanza y pasión, y haz que vivamos con toda ilusión.
Cuando parece imposible continuar, cuando las fuerzas se acaban ya, cuando no hay ganas ya de seguir y nos resignamos a sobrevivir; Espíritu Santo, con tu poder, haznos valientes, llenos de fe, haz que
en la lucha podamos vencer y a nuestro mundo en tu Fuego encender. |
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17. Si nos faltas Tú
¿Cómo aceptar que esta vida se puede vivir con pasión,
si nos faltas Tú?
¿Cómo cantar y reír, cómo amar y luchar y soñar,
si nos faltas Tú?
¿Cómo consolar a los que sufren, cómo estar por la justicia,
si nos faltas Tú?
¿Cómo convencerse que no todo está perdido,
y que puede haber salidas,
si nos faltas Tú?
Si no estás, nos volvemos insensibles al dolor de los demás,
la mentira prevalece sobre la verdad; si no estás, si Tú no estás,
somos ciegos ante el pobre, somos sordos a su voz,
sólo queda la ley de la selva, la ley del más fuerte, inhumana y cruel, sólo queda la ley de la muerte, si no estás,
y este mundo desquiciado, si no estás.
Espíritu de Dios, ¡ven pronto! fuego de amor,
aliento de vida, esperanza, fuerza y consuelo;
ven en nuestra ayuda, no nos dejes solos,
pues sin Ti nada podemos.
¿Cómo mantener la esperanza en esta hora incierta?
¿Cómo acercar la vida y la misericordia, si nos faltas Tú?
Si no estás, en la vida sólo vemos sin sentido y vaciedad,
y no existe comunión ni solidaridad.
Si no estás, si Tú no estás,
todo diálogo se acaba, la fuerza aplasta a la razón,
olvidamos que somos hermanos y no hay ternura ni compasión;
sólo quedan gritos rotos, si no estás,
y se acaban las canciones, si no estás.
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18. Amanecerá
Amanecerá, amanecerá, la noche va pasando,
el hombre nuevo ya se está gestando,
amanecerá, amanecerá, el día vendrá,
la vida nueva despunta y florece con dolor,
nos alienta en la esperanza el Espíritu de Dios.
A mi pueblo yo le traigo buenas nuevas,
a mi pueblo yo le quiero recordar
que el Espíritu de Dios nos acompaña al caminar,
y donde Él está, está la libertad;
Él nos hace libres y nos lleva con audacia a trabajar
por llevar a todos vida y libertad.
Una historia de miseria y sufrimiento,
de injusticia, desengaño y decepción,
un sistema absurdo y cruel que siembra muerte y exclusión,
que nos mata la esperanza y la ilusión;
pero aunque es de noche y la esperanza es dura y cara de pagar,
no dejamos de soñar y de luchar.
Constructor de zanjas, muros y alambradas,
pero hambriento de fraternidad y amor,
se debate nuestro mundo entre guerra y división
y no llega la paz que anhela el corazón.
Pero el Espíritu de Jesús está sembrando la amistad,
y el amor, sobre los odios vencerá. |
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19. Anhelo de vida
Espíritu de vida, ven, llénanos de tu presencia,
sin tu aliento todo muere;
Tú que todo lo sostienes y renuevas día a día,
ya no tardes, ven a darnos nueva vida.
Señor y dador de vida, cuánto te anhela mi corazón,
estéril se vuelve todo sin tu calor;
donde Tú estás presente todo renace:
la vida, el amor, la ilusión, la paz,
la lucha por la justicia y la libertad.
La muerte nos amenaza, por todas partes se oye su voz:
violencia, tristeza, angustia, desesperación,
muchos están perdiendo, el gusto por vivir,
pero cuando mandas tu aliento vital,
la vida vuelve y todo empieza a cambiar.
Enséñanos a dar vida, a no negarla a nadie jamás,
y amarla y a promoverla sin descansar,
dar vida a los que este mundo se la ha negado,
al que no le alcanza la salud ni el pan,
y a los que ven pisoteada su dignidad.
Líbranos de acostumbrarnos al milagro de vivir,
y de aceptar tantas formas de hacer morir,
líbranos de la apatía ante el sufrimiento;
pasión por la vida concédenos sentir,
para llenar de vida el diario vivir. |
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20. Testigos
Un mundo nuevo está por empezar,
el sueño va a volverse realidad
es la hora del Espíritu, es nuevo Pentecostés
con su poder vamos a luchar por hacer el mundo nuevo,
donde pueda Dios reinar.
Testigos de Jesús resucitado,
testigos de su vida y de su amor,
lucharemos porque la justicia reine ya,
y movidos por su Espíritu de amor
haremos fraternidad.
Luchemos con la fuerza del amor,
la fuerza que el Espíritu nos dio
y entre todos construiremos la nueva civilización,
el amor y así veremos también
vida, paz, verdad, justicia en el mundo florecer.
El Espíritu nos une en la amistad,
donde Él está, hay solidaridad;
suprimamos divisiones, luchemos por la unidad,
excluir: ¡jamás!,
y al que no le dan su lugar en este mundo,
vamos dándoselo ya.
Los que más abandonados hoy están,
buscaremos con amor más especial:
los más débiles serán a los que daremos más
compasión, amor, atención, bondad,
el Espíritu nos lanza los perdidos a buscar. |
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21. En tu amor de Padre
En tu corazón de Padre pongo mi vida sin temor,
en tu amor he puesto toda mi seguridad;
de tu amor yo vengo, en tu amor estoy,
y el destino de mi vida será tu amor.
Mi vida está guardada en tu corazón
y toda mi esperanza yo la he puesto en tu amor;
tu mano me sostiene, mis pasos cuidará,
tu amor fiel de Padre siempre me acompañará.
Me llegas hasta el fondo, conoces mi interior,
y nada se te esconde de cuanto hago y cuanto soy;
entiendes mis deseos, escuchas mi corazón,
te son transparentes mi ilusión y mi dolor.
Conoces palmo a palmo mi vida, mi caminar,
tu abrazo me mantiene siempre a salvo, siempre en paz;
me libras del ansioso afán de saber lo que el mañana traerá:
mi ayer, mi hoy, mi siempre en tu amor de Padre está.
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22. Presencia de vida
Tu presencia, Padre santo, nos alienta y nos reanima,
porque estás junto a tus hijos, Dios amante de la vida.
Tu ternura da confianza, la esperanza nos devuelve,
y encontramos vida y fuerza en tu amor que nunca muere.
Siento un dolor al constatar que son muchos los que van
por el mundo sin saber quiénes son y a dónde van;
llenos de temores, pena y soledad,
sin saber que tienen un Padre de verdad.
Muchos nos pretenden convencer de vivir sin ilusión,
como huérfanos que van sin sentido ni razón.
Pero la esperanza vamos a anunciar,
porque conocemos, Padre, tu bondad.
Padre, con gran gozo celebramos que hace dos mil años que
a este mundo con amor Tú le enviaste al Redentor.
Se hizo nuestro hermano en gozos y dolor,
nos hizo tus hijos, nos mostró tu amor.
Padre, abre nuestro corazón al regalo de tu amor
y que el mundo vuelva a ver la alegría renacer;
y que todos juntos demos con amor
total bienvenida al Hijo de tu amor. |
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23. Mi descanso
Sólo en Ti yo pongo mi esperanza,
sólo Tú mi vida guardas, no defraudas.
¡Cuánta suerte es tenerte como Padre!,
y la vida no me basta para cantar
y darte gracias por tu amor.
Quiero darte el corazón gozosamente, totalmente,
con la dulce sensación de quien por fin en Ti descansa;
en tus manos yo lo dejo, cuídalo,
solamente Tú lo puedes atraer, apaciguar y liberar,
colmar sus deseos, calmar sus angustias, saciar su sed de verdad.
Este corazón enfermo tan cobarde, tan iluso,
por la vida va buscando un consuelo, un refugio;
quiero hacer mi nido en tu corazón,
y confiarte mis afanes, mis angustias, mis proyectos, mi ilusión,
mi último miedo dejarlo en tus manos y libre gozar tu amor.
Muchas veces yo me canso de la vida, de mi misma,
de mi propio corazón amenazado por los miedos;
arrastrando mi vacío vengo a Ti:
a pesar de todo Tú eres el amado de mi vida, mi descanso,
mi fuerza y mi roca mi Padre seguro, la paz de mi corazón.
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24. Alabanza al Padre Creador
Constantemente, gozosamente,
tu nombre, Padre, bendigo,
por regalarnos permanentemente tu fuerza,
tu vida, tu creación, regalo de tu inmenso amor.
Yo no me canso de alabarte, porque con gozo y generosidad
todas las cosas Tú las creaste para tu hijos;
todas salieron frescas y buenas de tus manos de Padre,
con sabiduría y amor las hiciste y en todas dejaste un signo de tu poder. Y nos las has regalado para nuestro gozo y servicio,
y al contemplarlas me alegro.
Mi corazón quiere bendecirte unido al canto de tu creación,
en toda ella se escucha un canto de alabanza:
en la inquietud musical de las olas del mar y en la rosa,
en cada planta, en el sol, en los ríos,
la brisa y el viento y en la lluvia fresca;
en las estrellas del cielo y el canto sin fin de los pájaros,
una alabanza descubro.
Te damos gracias por tu vida y por tu abrazo madrugador,
por cobijarnos cariñosamente en tu corazón.
¿Cómo no darte las gracias por tantos detalles y dones?
Por la sorpresa y la luz de los ojos
que por vez primera se abren al mundo;
por la inteligencia del hombre, el arte y la ciencia,
por el amor, con gratitud te canto.
Hoy tengo ganas de cantarte, está gozoso mi corazón,
porque nos diste una tierra hermosa, llena de vida;
envías tu aliento de vida y renuevas la faz de la tierra,
riegas los montes, fecundas los campos
y das a tus hijos el pan cotidiano.
Nos has dejado en tus obras las huellas de tu cercanía;
¡te cantaré mientras viva!
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25. Dios de mis padres
De pequeño me contaron que Tú eras un Dios muy bueno,
me dijeron que mi vida en Ti estaba en buenas manos,
en Ti estaba en buenas manos.
Y aprendí desde pequeño a quererte y a buscarte,
y en tus manos, con confianza, mi vida la fui poniendo,
mi vida la fui poniendo.
De pequeño me enseñaron a llamarte “Padre nuestro”,
mis primeras oraciones, con cariño, fui aprendiendo,
con cariño, fui aprendiendo.
Descubrí que Tú eres Padre, y los hombres, mis hermanos,
me enseñaron a gozarme en las obras de tus manos,
en las obras de tus manos.
Dios de mi vida, Dios de mis padres,
Tú siempre has sido mi Padre fiel,
lo que mis padres me enseñaron desde pequeño,
a cada paso lo he comprobado y lo cantaré:
que Tú no fallas, Tú no defraudas,
Tú nunca dejas a los que ponen en Ti su fe,
porque eres Padre, tu brazo es fuerte,
tu amor inmenso nunca cambia, es siempre fiel.
De mis padres he aprendido a confiar en Ti en las penas,
cuando todo se derrumba, Tú me das valor y fuerza,
Tú me das valor y fuerza.
Los he visto muchas veces darte toda su confianza
y Tú has sido su refugio, Tú has colmado su esperanza,
Tú has colmado su esperanza.
Descubrirte como Padre es mi más preciosa herencia,
el tesoro que mis padres desde niño me heredaron,
desde niño me heredaron.
Es la fe de nuestros padres, que a lo largo de los siglos,
los sostuvo en el camino y a su vida dio sentido,
y a su vida dio sentido.
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26. Tu nombre Padre
Padre, con sólo pronunciar tu nombre
me comienzo a sentir en paz,
y la vida completa me queda
empapada de confianza.
Tu nombre de Padre me llena de gozo,
ternura y cariño,
con solo llamarte “Padre”
se me pone el corazón feliz
y confiado en tus brazos me quedo
sintiéndome tu hijo.
Pensar que eres mi Padre es libertad,
creer que eres mi Padre me llena de vida;
la experiencia de sentirte Padre
me da valentía, paz, seguridad,
ya puedo vivir con confianza,
tu fuerza me basta para caminar.
Te busco en mi angustia y soledad,
lo mismo en el gozo que en el sufrimiento,
en el ánimo y el desaliento,
en todo momento te invoco confiado,
en luchas, en paz, en sosiego,
tu amor Padre tengo, no pido ya más.
No hay nada en mi vivir donde no estés,
en horas de tristeza eres alegría,
en la soledad, compañía,
consuelo en las penas, perdón en las faltas,
en el desaliento, esperanza,
la luz que me guía en la oscuridad. |
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27. Desde lo hondo
Desde lo hondo de mi soledad a Ti grito, Padre.
Desde lo hondo de mi confusión a Ti grito, Padre.
Desde lo hondo de mi agitación a Ti grito, Padre.
Desde lo hondo de mi ansiedad y mi miedo, Padre.
Desde lo hondo de mi cobardía a Ti grito, Padre.
Desde lo hondo de mi tristeza a Ti grito, Padre.
Desde lo hondo de mi desaliento a Ti grito, Padre.
Desde lo hondo de mi tentación y mi prueba, Padre.
Padre de misericordia, Padre de la vida, Padre de bondad.
Padre que comprendes todas las miserias, toda la debilidad.
Padre compasivo, Padre solidario, atento a la necesidad.
Padre de entrañable amor,
que te conmueves ante el llanto y el dolor.
Tú que entiendes nuestras luchas,
nuestros sufrimientos, nuestra soledad.
Padre de la vida, sana las heridas, danos fuerza y paz.
¡Oye mis gritos, Padre! ¡Oye responde ya!
Desde el fondo del dolor del mundo a Ti grito, Padre.
Desde el fondo de nuestra injusticia a Ti grito, Padre.
Desde el fondo del clamor de los pobres a Ti grito, Padre.
Desde el fondo de nuestra historia de pecado, Padre.
Desde el fondo del que no encuentra paz a Ti grito, Padre.
Desde el fondo del hermano sangrando a Ti grito, Padre.
Desde su corazón dolorido a Ti grito, Padre.
Desde los excluidos del mundo a Ti grito, Padre. |
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28. Muéstranos al Padre
Jesús, muéstranos al Padre y eso nos basta;
muéstranos al Padre y eso nos basta.
El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,
ya sabe cómo es el Padre, el que me conoce a mí.
Jesús acoge a los pecadores, come con ellos, anda con ellos,
no ha condenado a la mujer que fue sorprendida en adulterio;
a Mateo, el publicano, invitó a seguirlo con mucho amor,
a la Magdalena la hace testigo de que está vivo y resucitó.
Jesús recibe a los niños, los abraza y los bendice,
y sus amigos más preferidos fueron los pobres y abandonados;
a las mujeres, las excluidas, llamó a seguirlo y estar con El,
a los extranjeros hizo milagros, llamó a su reino, les dio la fe.
Así es el Padre, así es el Padre, Dios compasivo, Dios de perdón,
Dios bueno y tierno, prefiere al débil y al pecador.
El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,
ya sabe cómo es el Padre, el que me conoce a mí.
Jesús convierte el agua en vino, quiere la fiesta, trae la alegría,
da vista al ciego, palabra al mudo, y al que está muerto le da la vida; a las multitudes que están hambrientas, compadecido multiplica el pan, todo su paso por este mundo es liberarnos y hacer el bien.
Naciendo pobre, viviendo pobre, no busca honores ni las riquezas,
y trabajando como un obrero, desde lo humilde se nos acerca;
a los discípulos los pies les lava, se hace de todos el servidor,
y por nosotros en cruz muriendo, hasta el extremo El nos amó.
Así es el Padre, así es el Padre, Dios de la vida, Dios del amor;
es Padre y Madre, un Dios humilde y servidor.
El que me ha visto a mí, ha visto al Padre,
ya sabe cómo es el Padre, el que me conoce a mí.
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